Por: Fabian Sandoval.

Leyendo el Libro “Besando mis rodillas” escrito por el pastor cristiano Jesús Adrián Romero, vinieron a mi muchos pensamientos, pero en particular me cautivó un capítulo en el cual, el autor aborda el tema de la redención; de nuestras almas y pecados podríamos pensar, o en esa salvación que a todos se ha prometido en la corta experiencia vivencial y que posiblemente llegará al final de esta vida, la que nos libera hacia el paraíso. Es en lo único que podemos pensar de la redención casi todos los cristianos al escuchar esta palabra, pero el verdadero significado de esta palabra nos debe trasladar a buscar una explicación más profunda y hoy en día más humana.

Redimir viene de un vocablo latín redimire, conformada por el prefijo red (hacia atrás, reiteración) y el verbo amere (comprar), diríamos que es como comprar algo que se ha perdido mirando hacia atrás, como tener la máquina del tiempo que trae de vuelta esas acciones y pensamientos o tal vez sueños que se quedaron en el pasado o simplemente decidimos venderlos al olvido, en el caso de los cristianos, pagar por los pecados, que Dios nos redima o Jesús sea el intermediario de esta redención. 

Inmersos dentro de casi  todas las religiones hablamos de este acto original desde aquél día en que Jesucristo dejó toda su sangre en la cruz del cerro de Gólgota, de esta manera nos redimieron del sufrimiento o castigo que se nos vinculaba a causa del pecado no solo a ti y a mí, a la humanidad en general.  Tal vez este concepto no está equivocado y agrupe la mayoría de opiniones a encontrarse conformes con esta definición y explicación. Pero para llevarlo al término ordinario y humanizarlo para que la búsqueda de la redención sea algo en lo cual el sustantivo de redimir se vea reflejado, debemos entender  que nosotros también somos redentores en potencia y tal vez seamos culpables de no entregarle la salvación a muchas personas que nos rodean, incluyendo a nuestras familias; es complicado pensar en eso, en no poder salvar a los que más queremos.

Debo nuevamente citar al autor del libro cuando en el capítulo “REDENTORES. DEVOLVER LA DIGNIDAD” nos dice: “Busca alguien a quien devolverle el valor, la dignidad, la honra… que Dios ponga en tu corazón a quien redimir”. (1)

Esto es lo que debemos realizar cada día que nos levantemos bajo la obra y gracias de Dios, buscar la manera de entregarle a todos los que podemos encontrarnos en nuestro camino desde que salimos del sueño, hasta que volvemos a este. Entregar el amor y la bondad, hacerles saber lo importante que son mientras están vivos y felices. Cuando somos guiados por la mano del salvador y decidimos hacer obras en su nombre, podemos devolverle la dignidad a alguien con tan solo decirle que su camiseta está genial. Podemos devolverles la honra, la dignidad, entregarles felicidad con una sencilla sonrisa, aprovechar los momentos de rudeza en la vida de los demás para estrechar sus manos y abrazarles con fuerza, decirles que no están solos que cuentan con nuestro apoyo, con esa voz de cariño que todo el tiempo va a salvar, esa voz que libera, que redime.

En el libro de Isaías, uno de sus capítulos exclama a los cielos para que despierte al pueblo de Sion que fue vendido, para que Dios los ayude a encontrarse de nuevo.  “Porque así dice el SEÑOR: Ustedes fueron vendidos por nada, y sin dinero serán redimidos”.  Isaías 5:23 (NVI).

Porque no necesitamos dinero, ni pertenencias o muchas cosas más para ser redimidos y redimir a otros. La simpleza de una palabra libera, no hay que esperar para que los demás se acerquen a decirnos que debemos descubrir sus dolencias para que sean redimidos; todos podemos percibir esos sentimientos, algunos más que otros. Y los podemos sentir más cuando conocemos a esa persona desde hace muchos años. Sabemos que necesitan de nosotros, de nuestra redención o de esa palabra que aún siendo tan simple les ayudará a recuperar la confianza y dejar atrás el problema. A lo mejor sólo debemos mirar atrás con la máquina del tiempo y comprar lo que se había vendido. Porque todos debemos padecer lo que Jesús vivió en la cruz. Pasar por esa situación difícil para hallar la verdad, para liberarnos y seguir adelante en estado puro de tranquilidad y así entender cómo redimir a los demás. Jesucristo se entregó por nosotros y fue crucificado en nombre de la humanidad, ahora nosotros debemos “crucificarnos” también por los demás. Que Dios ponga en nuestro corazón a aquellas personas por quienes debes crucificarte simbólicamente.


(1).  Capítulo 9. REDENTORES – Del libro Besando mis rodillas Jesús Adrián Romero.

Comentarios