“La Tierra es mía”, revela el Creador en esta contundente afirmación del libro de Levítico 25:23, dejando en claro cuál es el rol del ser humano en cuanto a la creación; “porque ustedes sólo son forasteros”, concluye. De esta forma y con estas palabras damos comienzo a esta nota en la que intentaremos abordar las causas y consecuencias del llamado “Cambio Climático”.

1. Profecías vs Causas:

Es muy cierto que la Biblia asegura que en “los tiempos futuros” el clima se comportaría de manera inestable y hasta perjudicial para la vida humana. Como un ejemplo, Lucas 21:11 nos demuestra que habrá terremotos, hambre y pestes. Por eso, como cristianos es más fácil caer en lugares comunes y relacionar las predicciones bíblicas con los desastres naturales de la actualidad, sin detenernos en los factores que la causan.

Es decir que los últimos acontecimientos relacionados con el clima, nos pueden llevar a pensar que son parte de la justicia de Dios por los pecados que cometemos cada día. Pero si analizamos la situación con cuidado vamos a darnos cuenta que, efectivamente son por causa del pecado, pero del pecado de no cuidar la naturaleza. El problema es que cuando el ser humano desplazó al Creador del centro de la creación, el rol de la mayordomía sobre la naturaleza que nos había legado (Gén 1:26-31) se transformó en dominio sin control.

Ahora bien, para continuar, va a ser necesario definir qué entendemos por “calentamiento global”, “cambio climático” y “efecto invernadero” para comprender el problema:

¿Qué es el Calentamiento Global?

En un complejo método de análisis, los expertos del IPCC, promediaron los datos meteorológicos de todo el mundo, obteniendo un número representativo de la temperatura media anual del planeta Tierra en el lapso de tiempo descrito. Este organismo de investigación sobre el cambio climático, explicó que en un primer período (1850-1910) ocurrió una fase de calentamiento leve; posteriormente entre 1910 y 1970 la temperatura se incrementó de manera progresiva, con espacios de nivelamiento; y desde 1970 al 2005 la temperatura global se incrementó de manera lineal. Es evidente que el período de mayor incremento en la temperatura de la Tierra coincide con el de mayor producción industrial en todo el mundo; con la llamada “Revolución Industrial”. A lo largo del siglo XX la temperatura media de la Tierra aumentó más de medio grado (0,74 ºC) y para los próximos cien años se estima un aumento de entre 1,8 ºC y 4 ºC. Incluso podría llegar a 6,4 ºC, lo que sería un incremento totalmente caótico para la vida.

¿Qué es el Cambio Climático?

Ahora bien, parece poco decir que la temperatura global se haya incrementado “medio grado”, pero según los expertos, el aumento de un sólo grado ya tendría efectos desastrosos para la humanidad. En relación a estos datos, los estudios demuestran que en los últimos 50 años, los fenómenos meteorológicos extremos fueron cada vez más intensos y frecuentes. El llamado “cambio climático” responde a la alteración en el valor promedio de una variable atmosférica. Sin duda, este incremento en la temperatura es el que está produciendo diferentes desastres naturales: sequías, tormentas y huracanes, sobre todo en lugares donde antes no ocurrían. Ahora bien, esto no significa que los desastres naturales sean únicamente producto del calentamiento global, pero el aumento de la intensidad y la constancia de estos fenómenos son evidencias de que el cambio climático está entre nosotros.

¿Qué es el Efecto Invernadero?

La principal causa del calentamiento es la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), generados en buena parte por los seres humanos por la mala utilización de los recursos naturales. La emisión de gases, tales como el dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso son los que producen el efecto invernadero: los GEI forman una capa en la atmósfera que absorbe y devuelve a la corteza terrestre la radiación infrarroja que esta recibe de los rayos del sol. El efecto invernadero es crucial para mantener temperaturas habitables en la Tierra, pero el incremento en la concentración de GEI por encima de los niveles naturales, podría acrecentar el efecto invernadero causando serias consecuencias sobre el clima. Por ese motivo la conclusión del informe del IPCC, asegura que lo más probable es que el calentamiento climático que sufre la Tierra sea el resultado de la actividad humana, por la producción CO2, a lo cual contribuye especialmente los países ricos.

Estos términos comenzaron a hacerse conocidos después de que las Naciones Unidas (ONU), a través del Grupo Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC), en 2007 produjera su “Cuarto Informe de Evaluación” donde se analizaron las variaciones en la temperatura media de la superficie terrestre, en el período 1850 a 2005.

2. Causas Naturales vs causantes desnaturalizados:

Las acciones que producen los GEI necesarios para el efecto invernadero se encuentran, en parte, en fuerzas naturales como la actividad volcánica, la variabilidad solar, la evaporación de agua de los océanos; pero también existen otros factores responsables en la emisión de gases que provienen de fuentes no-naturales, en principio por el consumo de combustibles fósiles.

La utilización de combustibles fósiles, la actividad industrial y la producción de energía eléctrica son las principales causas de la producción de los GEI. Por eso, el Dr. Arnaldo Visintin, investigador del CONICET en Argentina y experto en energías alternativas y almacenamiento de energías, asegura que “en los próximos 10 a 20 años se producirá en el mundo una crisis energética que provocaría un cambio en las fuentes tradicionales de energía, como el petróleo que no sólo está dañando de manera irreversible el medio ambiente sino que se está terminando”.

Para ello, el Dr. Visintin destacó que “es necesario pensar seriamente en el eventual reemplazo de los hidrocarburos por energías alternativas, también llamadas VAS (Viento, Agua y Sol) que son limpias y a su vez renovables”. La producción y el uso de energías tradicionales que consumimos a diario es una de las principales responsables del aumento en la emisión de CO2 a la atmósfera, que producen el calentamiento global.

Desmonte sin control:

La deforestación a gran escala provoca hasta el 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo, debido principalmente a la tala para uso agrícola, según datos del IPCC.

¿De qué forma influye la pérdida de bosques en el efecto invernadero? Los bosques son indispensables para mantener el equilibrio ambiental ya que funcionan como receptores naturales del CO2. Este déficit, producto de la explotación descontrolada de los suelos, aumenta considerablemente la concentración de los GEI en la atmósfera.

El problema no termina ahí, sino que lo más grave es que una gran porción de esas tierras deforestadas se destinan a la producción agrícola. Pero lo más doloroso es que gran parte de esos terrenos se utilizan en el sembrado intensivo de granos como la soja (en Brasil y Argentina sobre todo) cuyo fin no es la alimentación humana, sino el engorde animal y la producción de biocombustibles (o agroquímicos).

Derroche de alimentos:

Otro factor importante es el desperdicio de alimentos, ya que un tercio de los alimentos que se producen en el planeta termina en la basura. “Con lo que EE.UU. y Europa desperdician, se podría alimentar cuatro veces a los mil millones de personas que pasan hambre a diario en el mundo”. Son datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) en su último informe donde alerta sobre las terribles consecuencias del derroche de comida.

Según este informe, cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de comida para la que se necesitóun “25% de la superficie habitable, un 70% de consumo de agua, un 80% de deforestación y un 30% de emisión de gases”. Pero ¿qué implicación tendría esto para el cambio climático? Si se desperdicia comida, significa que todos los recursos empleados (agua, energía, agroquímicos contaminantes, etc.) y los gases que fueron emitidos durante el proceso de producción, fueron absolutamente en vano.

Pero lo más alarmante es que los que más desperdician alimentos en el mundo no son precisamente los consumidores finales, sino los mismos productores, las grandes cadenas de supermercados y restaurantes. El investigador inglés Tristam Stuart, autor del libro “Despilfarro, el escándalo global de la comida” lleva años analizando los problemas del sistema alimentario mundial, y afirma en varias de sus publicaciones que la mayoría de los alimentos son desechados mucho antes de llegar a los consumidores, por no superar ciertos “estándares estéticos, impuestos por las reglas del mercado”.

También, otro problema grave que viene a colación, es el del hambre en el mundo, que no radica en la falta de alimentos, sino todo lo contrario, en su mala administración. Tristán Stuart se hizo conocido en Europa cuando dio de comer a 5 mil personas en Inglaterra con alimentos reciclados, basado en la historia bíblica en la que Jesús alimenta a esta cantidad de personas multiplicando cinco panes y dos peces (Juan 6:1-15). El investigador estima que si los consumidores, los políticos y las empresas introdujeran sencillos cambios se podría reducir radicalmente el despilfarro.

3. Consecuencias del Cambio Climático:

En la última evaluación llevada a cabo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se aseguró que a nivel mundial, el número de desastres naturales relacionados con la meteorología se ha triplicado desde los años sesenta. El incremento en la temperatura están haciendo que el hielo se derrita, que los glaciares continúen retrayéndose y que el nivel del mar aumente produciendo líneas costeras más vulnerables a la erosión. También este desequilibrio amenaza a la desaparición de las islas bajas.

La investigación de la OMS, sostiene que “teniendo en cuenta sólo algunas de las posibles repercusiones sanitarias se concluyó que el discreto calentamiento registrado desde los años setenta causó un exceso de mortalidad cifrable en 140 mil defunciones anuales”.

Sin duda, todas las poblaciones se verán afectadas por el cambio climático, pero también es cierto que algunas son más vulnerables que otras. Los habitantes de los pequeños estados insulares en desarrollo y de otras regiones costeras, megalópolis y regiones montañosas y polares son especialmente vulnerables.

Países “desarrollados” vs. países subdesarrollados:

Las comillas en este subtítulo son adrede, ya que llamamos “desarrollados” a los países que más contaminación producen, que más gases de efecto invernadero emiten y los que más comida despilfarran. Agregando el problema de China que está en posición de ser el país con mayor producción de gases invernadero, debido al progresivo abandono de su cultura ancestral para adoptar un estilo cada vez más “occidental”. Todos los países que funcionan dentro del sistema de este mundo (pobres o ricos) tienen parte de responsabilidad, pero queda claro que son los países ricos los que más daño están produciendo.

La paradoja en este sentido, es que los que producen más daño son los que tienen la mayor infraestructura para resistir eventuales desastres naturales, mientras que los países pobres son los que menos contribuyen al cambio climático pero son los que cobijan a los pueblos más desprotegidos.

Lamentablemente la retribución no parece equitativa, ya que las causas del cambio climático son globales, pero sus consecuencias no se distribuyen uniformemente. Lo cierto es que todos tenemos algo de responsabilidad; algunos por sus acciones contra la naturaleza, otros por su inacción y falta de compromiso con la creación.

Datos del Banco Mundial
 

4. Responsabilidad de la Iglesia:

Sucede que muchas veces sólo nos quedamos con el dedo acusador, resistiendo como si fuéramos los dueños de la  verdad; nos cuesta profundizar en las causas de estos fenómenos y reflexionar si tenemos o no responsabilidad ante el cambio climático.

¿El silencio y la inacción no nos convierte en cómplices de este tipo de situaciones de injusticia? ¿No será que como cristianos deberíamos mirar nuestra viga primero y analizar cuál fue y cuál debe ser nuestro rol en cuanto al cuidado de la naturaleza?

Pareciera que nuestra tarea como Iglesia y representantes de Dios terminara sólo en la salvación de las personas y nos olvidáramos del resto. Hoy podemos ver que nuestro planeta está enfermo y, como en la historia del buen samaritano, miramos a otro lado, dejando la labor de rescatarlo a aquellos que son ajenos a nuestra fe y a las enseñanzas de Jesucristo.

Como Iglesia, no tendríamos que dejar pasar de largo nuestra responsabilidad con la creación; y tampoco perder la oportunidad de ser parte de la solución a partir de nuestra fe y valores.

Uno de los grandes problemas de la humanidad (sino el más grave) es el haber desterrado a Dios de su lugar central en la creación. En este caso, el teólogo inglés, John Stott en su libro “El discípulo radical”, asegura que en el momento de la creación Dios estableció tres relaciones fundamentales de los seres humanos: “en primer lugar la relación con Dios, ya que nos hizo a su imagen; en segundo lugar entre nosotros, ya que la raza humana fue plural desde su comienzo; y en tercer lugar, nuestra relación con la buena tierra y con sus criaturas, sobre las cuales nos dio dominio”.

La idea de Dios en este sentido, del sojuzgamiento del hombre sobre la naturaleza es para que la controle, en lugar de descontrolarla, o de dejarla sin control. Entonces el rol que nos delegó el Creador corresponde a la mayordomía de la creación. Por eso Jesús enseñó que debemos amar al Señor con todo el corazón, toda el alma y todas las fuerzas. “Este es el primero y grande mandamiento” asegura el Maestro, “y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Por eso si amamos a Dios debemos amar lo que Él ama como Él lo ama; entonces cuando cuidamos la creación, le estamos demostrando amor a Él y a nuestro prójimo.

Cuando logremos esto, y cumplamos con la Ley universal: “la regla de oro”, estaremos poniendo nuestros ojos mucho más allá de nuestras narices; estaremos mirando a nuestro prójimo y a las generaciones que vienen.


Bibliografía:

  • John Stott, “El discípulo radical”, Certeza, 2010.
  • C. René Padilla, “Economía humana y economía del Reino de Dios”, Kairos, 2002.
  • Lindy Luis Scott, “El Cuidado De La Creación Y El Calentamiento Global”, Kairos, 2012.
  • David Jeremiah,”Invasión de otros dioses”, Editorial Caribe, 1996.
  • Publicado en: Revista Ecclesia Joven, Junio de 2014.

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