CERTIDUMBRES

NO VEO, NO VEO, NO VEO.

Mi fuerza no puede;

tu fortaleza aparece.

Mi núcleo persiste,

piensa en dormir

y gritar que no ve, ni percibe, ni espera

pero siempre mi fondo

quiso un creo.

Y en la crisis de todo

caigo, me elevo, desencuentro…

me carcomen los parásitos mudos

hasta oler un día la paz eterna.

 

Mi núcleo aún aullando luz

apta para inundar ojos ciegos:

bisturí etéreo,

mi ruego perpetuo menos uno

es que no desates tu ira;

sé misericordia una vez más,

otra vez más como ya has sido,

para que el rechazo

se desvanezca en tu abrazo.

 

Como arbolito decrecido o fibra reseca

me arrastro por una gota de vigor,

me arrastro por mantenerme en pie

para sostener al tallo quebrado.

 

Mis fuerzas no alcanzan

y la vida paradoja,

yo paradoja,

el ahora paradoja.

 

Un cielo que me inquieta,

la tensión despierta

de las nunca máscaras,

alarma hueca,

cabeza que no halla respuestas.

Pero ya visualizo la metamorfosis impensada

y sé que a su vida no te la arrebatan.


Por Pricilla Antonelli. 

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