¿Alguna vez corrieron el arcoíris con la esperanza de poder alcanzarlo? Soy de los que pueden decir que sí. Esto pasó realmente. Tendría unos 5 años y estaba con mi grupo de amigos en el barrio donde me crié. En verdad nos parecía que podíamos alcanzarlo, por lo menos yo estaba plenamente convencido. Mientras calculábamos en qué calle más o menos estaría nos parecía que se nos iba cada vez más lejos. Habremos corrido unas 4 o 5 cuadras hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos alejado demasiado así que fuimos volviendo cada cual a su casa pensando que tal vez estuvimos cerca de encontrarlo.

Cuando uno es adulto ya sabe que el arcoíris no se puede alcanzar y hasta puede explicar cómo es que se forma y por qué es que podemos verlo. Está ahí, lo vemos y nos conformamos con eso sabiendo que no lo podemos alcanzar y claro, a esta altura tampoco lo necesitamos.

Pero ahora a muchos adultos nos pasa algo alegóricamente parecido como si esa obsesión de uno cuando es niño también hubiese madurado junto a nosotros, me refiero al tema de la Verdad. Creemos que está ahí, algunos hasta llegan a “afirmar” que no, que sería una especie de ilusión. Pareciera que los más inteligentes se desviven como los chicos atrás del arcoíris por alcanzarla. Parece que los más sabios prefieren alegrarse con cosas más sencillas en los días de la vida.

También parece que la tendencia es que la gran mayoría se comporta como habiéndola alcanzado sintiéndose dueños de la verdad cuando menos del camino correcto que nos llevará hacia ella. No quisiera comportarme así, tampoco tener la esperanza de poder alcanzarla, no por mis propios medios. Pero sí creo que existe, así como el arcoíris existe.

Sólo me pregunto por qué Dios en su eterna sabiduría es tan celoso de su verdad absoluta, por qué la tiene reservada y nos deja a tientas siendo sabios en nuestra propia opinión, discutiendo como si en verdad supiéramos, sabiendo en definitiva: nada de nada. Es entonces que nos quedamos, porque no nos queda más, “como viendo al invisible”.

También hay quienes dicen que cada uno tiene su propia verdad pero muchas verdades no es algo que suene del todo lógico, tal vez lo que hay son muchas interpretaciones y una sola verdad.

¿Cómo vivir en un mundo donde hay tantas verdades como personas? Soy de los que creen que la libertad se expresa en la espontaneidad, es decir en la capacidad que tenemos de hacer algo impensado, de disentir, es lo que nos hace no solo diferentes sino también únicos. Si fuéramos los dueños de la verdad objetiva seríamos perfectos pero todos iguales, sin diferencias, sin espontaneidad.

¿Cómo sería vivir si lo supiéramos todo? ¿De qué nos asombraríamos? No necesitaríamos crecer ni aprender. Es sabido que hasta los más sabios de todos alguna vez expusieron su queja contra Dios pero ¿qué enseñanza nos dejaron en su expectación, para que podamos continuar haciendo crecer la sabiduría que nos legaron? Ellos se volvieron, después de tanto conocimiento comprendieron que podían ver a Dios en cosas más simples, un Dios que se alegra con nosotros en los detalles irrelevantes de la vida.

A veces miro hacia atrás, a los años de la niñez y me gustaría volver a tener esa esperanza, esa fe tan simple ¿Será que Cristo cuando nos pedía ser como los niños se refería a recuperar esa capacidad perdida de creer en algo con tanta plenitud sin preguntar demasiado por qué?

Nos encanta saber más, nos encanta argumentar. Nos encantaría conocer la irrefutable e irresistible verdad absoluta pero nos perdemos entre tantas verdades. Tanto conocimiento. El todo nos avasalla, muchos saben que pueden pensar pero no saben por qué. Es que Dios nos hizo para conocer, para conocerlo a Él. “Teme a Dios y guarda sus mandamientos”, concluye el sabio “porque esto es el todo para el hombre”.

El arcoíris está ahí, como la verdad, tal vez para que sepamos que existe aunque no lo podamos alcanzar.

Jua 14:6 Jesús le dijo: “Yo soy el camino,  y la verdad,  y la vida;  nadie viene al Padre,  sino es por mí”.

Mat 18: 3- 4 “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos”.

Mat 6: 31- 34 “Así que no se preocupen diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué beberemos?’ o ‘¿Con qué nos vestiremos?’ Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas”.

Ecl 5: 18 Esto es lo que he comprobado: que en esta vida lo mejor es comer y beber, y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que Dios nos ha concedido; es lo que nos ha tocado.

Ecl 8: 17 Pude ver todo lo hecho por Dios. ¡El hombre no puede comprender todo lo que Dios ha hecho en esta vida! Por más que se esfuerce por hallarle sentido, no lo encontrará; aun cuando el sabio diga conocerlo, no lo puede comprender.

Ecl 12: 13 El fin de todo este discurso es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre.


Por: Sebastián Colotto.

 

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