En el lago de la ciudad de Capernaúm al norte del mar de Galilea en los tiempos de Jesús, un pescador esperaba una dracma que equivalía al pago por un día de trabajo. En eso llegó su jefe quien a demás de la dracma le ofreció uno de los peces que recién habían sacado del lago. El pescador aceptó agradecido. Entonces su jefe equivocadamente en lugar de darle una dracma le dio un estatero que equivalía a cuatro veces la suma estipulada. El obrero al percatarse se hizo el disimulado y lo recibió junto al pez que estaba en una canasta cerca del lago. Pero para que su jefe no le reclamase nada escondió el estatero dentro de la boca del pez sin darse cuenta que éste aun estaba vivo por lo que, al sacudirse, cayó al lago llevándose la moneda. Más tarde un pescador llamado Simón, poblador de aquella ciudad había arrojado su anzuelo al lago, era el mes de Adar cuando los judíos pagaban el impuesto para el mantenimiento del Templo.

(Basado en Mateo 17: 24-27).

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Por: Sebastián Colotto.

Dibujo: Nelson Samuel García.

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