Todas las personas que eligen la vida en Cristo y la opción de obediencia que esto exige terminan siempre de seguro por convencerse de que han elegido el camino correcto.  Lo difícil es siempre creer que todo en este camino es fácil o color de rosa, de igual manera las personas que observan desde lejos el trámite de cambio en nuestro proceso, tal vez deseen que las situaciones no salgan bien y muchas veces así sea, Dios da el camino para seguir aunque esto no sea fácil.

Se olvida que cuando empezamos este proceso de obediencia es como cuando se firma un contrato, con todas sus cauciones y sus ventajas, sus derechos y deberes y por supuesto su letra menuda, esos pequeños incisos al final de mencionado contrato donde se especifican restricciones y castigos en caso de faltar a este. Pero en el contrato de Dios no hay castigos, solo existen advertencias que permiten evidenciar que hay que sufrir y que no será fácil llegar al propósito de Dios, esa letra que no se lee y sencillamente se firma esperando que todo salga rápido y sencillo.

Bien lo menciona la palabra “tu no pides sacrificios a cambio de tu perdón; tan solo nos pides obediencia” (Salmos 40:6 NVI); Sencillo saber que la obediencia es el primer paso de este camino en Jesús, el trecho tal vez sea al principio doloroso ya que cuando  buscamos a Dios necesariamente es por esa calamidad familiar, económica o sentimental que golpea la vida de manera cruel y directa, muchas personas están siempre en mencionada situación porque es la única forma de que busquen de Dios entonces siempre te Dios va a hacer pasar por estos momentos. Entregar el corazón y ser fiel es el único sacrificio que tal vez sea exigido dentro del contrato naciente, pero los beneficios son infinitos.

Transitar por el camino de Dios con la plena consciencia de que no va hacer fácil es el primer paso para recomenzar a viajar tranquilo que es lo que Dios busca en nuestras vidas, acompañarnos cada paso por ese sendero, saber que lo llevamos con nosotros y que no se quedó clavado en la cruz o en el altar de tu iglesia después de que saliste de allí, muchos pensaran que por ser cristianos y vivir la vida de manera honesta y sencilla todo tiene que salir de forma perfecta, pero en esto consiste el contrato con Dios, en saber que la tranquilidad de andar por el valle de la muerte es todo el contenido de la letra menuda de todo contrato firmado con Dios y su hijo.

Deuteronomio 7:11 dice: “Por lo tanto, cumplan todos sus mandamientos. La obediencia trae felicidad” (NVI). Los mandamientos fue el primer contrato que se firmó con Dios, ese contrato que dos mil años después sigue vigente, uno en el cual no se tiene claridad de su letra menuda pero si muchas promesas de salvación y vida eterna. Si se realizara una autoevaluación de como asimilamos en nuestras vidas el contrato de los mandamientos calificaríamos la más alta puntuación (diez) o sencillamente quedaríamos en evidencia que este contrato no lo estamos cumpliendo y por tanto la letra menuda pueda llegar a lastimarnos de esa manera cruel y directa en que por nuestras decisiones Dios nos muestra lo equivocados que estamos. La única condición y tal vez la más importante de esta letra menuda es entender que cada vez que pensamos que no existe esperanza, nos acercamos a él y todo cambia de manera intensa.


Por: Fabian Sandobal. Bucaramanga, Colombia.

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