Liev Nikolaievich Tolstói (1828-1910) fue un escritor y moralista ruso ampliamente considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. Sus ideas sobre la «no violencia activa», expresadas en libros como “El reino de Dios está en vosotros” tuvieron un profundo impacto en grandes personajes como Gandhi y Martin Luther King. De León Tolstói pueden destacarse muchas cosas, pero si debiéramos hablar de algún aspecto en particular, sin duda podríamos decir que fue una persona transparente y que mantuvo una fe sincera como lo demuestra esta preciosa carta escrita por él en los últimos días de su vida.

“¿Qué me dices de ti, Liev Nikoláievich? Predicas muy bien, pero ¿haces lo que predica?”. Esta es la más natural de las preguntas y es una que siempre me hacen; por lo general me la formulan con cierto aire de victoria, como si fuera una manera de detener mi boca. “Predicas ¿pero cómo vives?” Y yo respondo que no predico, que no estoy en condiciones de predicar, aunque desearía hacerlo con fervor. Puedo predicar sólo a través de mis acciones, y mis acciones son viles… Y respondo que soy culpable, vil y digno de desprecio por mi fracaso en vivir de acuerdo a mis ideales.

Al mismo tiempo, no con el fin de justificarme sino simplemente para explicar mi falta de firmeza, digo: Miren mi vida actual y mi vida anterior y verán que sí intento vivir los preceptos cristianos. Es verdad que no he cumplido ni una milésima parte de ellos y me avergüenzo de esto, pero no he fracasado en cumplirlos porque no lo haya querido, sino porque no pude hacerlo. Enséñenme como escapar de la red de las tentaciones que me rodea, ayúdenme y los cumpliré; incluso sin ayuda, deseo y espero cumplirlos.

Atáquenme, yo me ataco a mí mismo, pero atáquenme a mí y no al camino que sigo y que le señalo a cualquiera que me pregunta dónde creo que se encuentra. Si conozco el camino a casa y me encuentro caminando borracho ¿acaso deja de ser el buen camino, porque me tambalee de un lado al otro? Si no es el buen camino, muéstrenme otro; pero si me tambaleo y pierdo el camino, deben ayudarme; deben ayudarme a permanecer en el verdadero camino, así como yo estoy dispuesto para apoyarlos a ustedes. No me desvíen, no se alegren porque me he perdido, no griten con alegría: “¡Mírenlo, dijo que se iba a casa, pero allí lo tienen arrastrándose en un pantano!” No, no se alegren, sino más bien, denme su ayuda.

Por: @SebastianColotto

 

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